Hageo - Un Profeta para Hoy - parte 2

por Ricardo Murphy

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Mientras que el propósito del primer mensaje de Hageo para el pueblo de Jerusalén fue corregirle para que empezaran la reconstrucción del templo, el propósito del segundo mensaje fue animarle. Algunas personas que trabajaban en el templo no estaban satisfechas. Recordaban el gran templo de Salomón, y al compararlo a su trabajo actual, no podían ver como Dios podría ser glorificado en su nuevo templo.

¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto este templo en su gloria primera? ¿Y cómo lo veis ahora? Tal como está, ¿no es como nada a vuestros ojos?

Hageo 2:3

¿De dónde vino ésta actitud? ¿Qué fue el problema con el nuevo templo? ¿Acaso en su punto de vista era muy pequeño? ¿O, no era muy lujoso? ¿Le faltaba algo su construcción?

Primeramente tenemos que entender que todos estos grupos ancestrales opinaban que entre más grande y magnífico fuera el templo, más grande y poderoso era su dios. Podemos ver esto en México, donde las pirámides de los mayas demostraban la importancia de sus dioses. Entre más importante su deidad, más grande se le construyeron la pirámide en su honor.

Si se compara los tamaños del templo que Zerobabel y el pueblo se construía al templo de Salomón, no debería de haber tenido una razón para su descontento; pues el nuevo templo era destinado a ser más grande e impresionante que el templo de Salomón. En primera de Reyes, capítulo 6, donde habla de la construcción de ese templo, dice que era 60 cubos de largo, 20 cubos de ancho y 30 cubos de altura. Aunque no nos dice aquí en Hageo las dimensiones del nuevo templo, sí menciona en el libro de Esdras, en el cual el Rey Ciro mandó construirlo de 60 cubos de ancho y 60 de altura (Esdras 6:3). Aunque no menciona lo largo, sabemos que debería de haber sido el doble de alto que el templo de Salomón.

Así que, como el tamaño del templo no podía haber sido la raíz de su descontento, debió haber sido algo más. Qué tal ¿los ricos del templo? Tomemos un momento para ver cuánto dinero gastó en los dos templos:

  • El Templo de Salomón: 8,000 talentos, 10,000 dracmas de oro; 17,000 talentos de plata; 18,000 talentos de bronce; 100,000 talentos de hierro (1 Cron 29:3-8)

  • El Templo de Zerubbabel : 61,000 dracmas de oro; 5,000 minas de plata (Esd 2:69)

Aunque no sabemos las unidades de medida que usaban en esos tiempos, parece muy obvio, de acuerdo a los números, que la ofrenda entregada para el primer templo era mucho más grande que la que dió para el segundo. Esos "pobres exiliados" que estaban regresando, se sentían que apenas tenían nada que dar para el trabajo magnífico que tanto querían hacer para Su Señor: el creador de los cielos y de la tierra.

¡Espere un momento! Examinamos esto bien. En el dólar de hoy día, la ofrenda total para el templo de Salomón, fue $5,107,773,185.00. La ofrenda total para el templo de Zerubbabel fue $9,929,500.00. Aunque podemos ver una gran diferencia entre los dos números, ¡no vemos muchas iglesias construidas hoy en día que cuesten casi diez millones de dólares!

De acuerdo con esto, tengo que admitir que aquellos que vieron el templo de Salomón, había causa por su depresión; pero, por otro lado, la mayoría de ése oro y plata estaba en el Lugar Santo, y en el Lugar Santísimo. Debido a que nadie podía entrar allí (con la excepción del sumo sacerdote), ¿cómo sabían qué tan elegante era?

Yo no sé la respuesta a esto, al menos que hubiera sido el sumo sacerdote que estaba entristecido. Sin embargo, aunque se menciona el sumo sacerdote por nombre aquí en la misma profecía, no se menciona precisamente que era él quien lo había visto el primero templo por dentro.

De cualquier forma, un templo de diez millones de dólares, no es una capillita al lado de la carretera. Ellos estaban construyendo lo mejor que podían, aunque para ellos no era suficiente elegante. Pero, debemos de entender que la cantidad de dinero que gastaron en la "gloria natural" del templo, no era el enfoque de Dios. La gloria del templo no proviene de que tanto dinero que se gaste, sino en para quién uno gasta ese dinero.


Porque así dice el Señor de los ejércitos: "Una vez más, dentro de poco, yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme. 7 "Y haré temblar a todas las naciones; vendrán entonces los tesoros de todas las naciones, y yo llenaré de gloria esta casa"- dice el Señor de los ejércitos. 8 "Mía es la plata y mío es el oro"- declara el Señor de los ejércitos. 9 "La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera"- dice el Señor de los ejércitos- "y en este lugar daré paz"- declara el Señor de los ejércitos.

Hageo 2:6-9

La respuesta de Dios a su gran tristeza sobre la ausencia de la riqueza material en el nuevo templo era para animarlos. Específicamente, El les dijo, "No se preocupen por la falta de habilidad para hacer este templo glorioso, porque ésta gloria es solo temporal. Por otra parte, Yo puedo darlo y en efecto lo daré una gloria que sobrepasa todo entendimiento. Yo lo derramaré de mi propia gloria."

¡Asombroso! Que gran ánimo ha de haber sido para ellos. El saber que el Dios verdadero, el Dios de los Cielos y la Tierra, iba a dar Su gloria y Su presencia en el templo que ellos estaban construyendo. Era casi como si Dios estuviera poniendo un sello de aprobación sobre su trabajo.

Tenemos que entender que Dios no ve las cosas de la manera que nosotros las vemos. El no está enfocado en dólares y pesos; Su enfoque está en nuestros corazones y mentes. Esto probablemente tiene mucho que hacer, con la razón del porque no hay un templo en Jerusalén hoy en día. Somos nosotros que debemos de ser Su templo. ¿Por qué? Porque nuestro Dios quiere que nos entreguemos totalmente a El; corazón, alma, mente y fuerzas. Esta es la mejor ofrenda que podemos darle.

También se puedo tomar este asunto de preocuparnos sobre el dinero al otro extremo, es decir, de no preocuparnos nada por el dinero. Hay muchas personas que hacen algo, y dicen que Dios lo comprenderá. Esto no está bien. Si vamos a hacer algo para el Señor, debemos de hacerlo lo mejor que podamos, no solo hacerlo por hacerlo ni tampoco hacer el mínimo posible. Dios siempre hace las cosas con excelencia, y nosotros debemos imitarle por hacer lo mismo.

Estoy seguro de que esos judíos tenían un gran interés en hacer su trabajo para el Señor con excelencia. Esto probablemente era el razón por su gran tristeza. Pero, excelencia no solo proviene de la cantidad de dinero que se gasta. Por supuesto, comprar un material de mejor calidad se hace un producto mejor. Sin embargo, si no tomamos el tiempo a fin de usar esas materiales con sabiduría, moldeándolas y transformándolas en algo hermoso, todo lo que hemos hecho es gastar el dinero, no hacer un trabajo de excelencia.


Permítame regresarme un minuto, porque acabo de brincar sobre un verso de esta profecía:

"Pero ahora, esfuérzate, Zorobabel"- declara el Señor- "esfuérzate tú también, Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, y esforzaos todos vosotros, pueblo de la tierra"- declara el Señor- "y trabajad, porque yo estoy con vosotros"- declara el Señor de los ejércitos.

Hageo 2:4

Más que nada, el templo era, y siempre ha sido, un símbolo de la presencia de Dios, para el pueblo judío. Esta pequeña frase "porque estoy contigo," la cual está incluida en éste verso, les trajo gran satisfacción; al saber que su Dios estaba con ellos.

Esto debe ser una de las grandes metas en nuestras vidas. No solo decir que Dios está con nosotros, ni siquiera decir que "sentimos" Su presencia, sino escucharlo decirnos, "Estoy contigo." No hay nada más importante para nosotros, como creyentes, que el tener la presencia de Dios con nosotros, tanto individualmente como corporalmente.

¿Qué tiene que haber en nosotros, para tener la presencia de Dios? ¿Es acaso algo automático en los creyentes? O, ¿es algo que necesitamos buscar?

En la Iglesia de hoy, hemos tomado básicamente la actitud de que el Señor está siempre con nosotros desde que seamos salvos, no importa lo que digamos o hagamos. Aunque hay numerosas Escrituras que apoyan este punto de vista, incluso varios versos que el Señor Jesucristo mencionó, quisiera decir que no creo que hayamos entendido Nuestro Señor correctamente

Fíjate, hay presencia y hay PRESENCIA. No toda la presencia es igual. Déjame darte un ejemplo natural paralelo para mostrarte lo que quiero decir. Si fueras un joven soltero en una plaza, y una hermosa chica estuviera al otro lado de la plaza, podrías decir que ella "está" en tu presencia, o que tú "estás" en la presencia de ella. Pero, si ella camina a través de la plaza y pasa en frente de donde estás sentado, aún podrías decir que ella está en tu presencia, pero su presencia sería algo más segura y fuerte. Finalmente, imagínate que ella se sienta contigo y empieza una conversación. En ese momento, no hay nadie que puede dudar si estás o no estás en su presencia. Queda tan claro que hasta un "ciego puede verlo."

Puedes continuar viendo a esa chica, y los dos pueden empezar a salir juntos. Mientras que el mismo término aplica, que tú "estás" en su presencia, hay una enorme diferencia entre la presencia de ahora y la del principio al otro lado de la plaza. Pero, todavía no hemos alcanzado la gran "presencia" que puede existir. ¿Sabes cuándo sucede? Sucede en su noche de boda, cuando cierras la puerta de su habitación. Esta es "PRESENCIA".

La misma idea funciona cuando hablamos de la presencia de Dios. Admitiendo que Jesús nunca nos deja o abandona; también hay que reconocer que a menudo, solo tenemos Su presencia en vez de Su "PRESENCIA".

Si existe una diferencia entre el tipo o intensidad de Su presencia con nosotros, ¿de dónde viene la diferencia? ¿Hay algo que podamos hacer para afectarla? ¿Cómo podemos tener más de la presencia de Dios?

Dos profetas desconocidos, los cuales profetizaron al Rey Asa de Judá, nos dan un indicio a las respuestas. El primero, Azariah, dijo:

el Señor estará con vosotros mientras estéis con El. Y si le buscáis, se dejará encontrar por vosotros; pero si le abandonáis, os abandonará.

2 Cron 15:2

Varios años después, Hanani profetizó al Rey de Asa:

Porque los ojos del Señor contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él

2 Cron 16:9

Reconozco que es el Antiguo Testamento, y alguien pudiera decir que las cosas son diferentes ahora. ¡Pero nuestro Dios no ha cambiado! Las verdades del Antiguo Testamento todavía aplican a nosotros hoy en día.

Hay unas cosas que resaltan en estos dos versículos de la profecía. Primero, encontrar a Dios y tener Su presencia requiere acción de nuestra parte; tenemos que buscarlo. ¿Cómo lo necesitamos buscar? Necesitamos hacerlo fervientemente, con todo nuestro corazón, hasta que lo encontremos. Ambos Lucas y Mateo, citan las palabras de Jesús:

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Luc 11:9-10 & Mat 7:7-8

Si leemos esos versos en griego, el lenguaje del Nuevo Testamento, los verbos en particular, traen un significado más amplio de lo que traen en inglés o español. En vez de "pedir" dice "pide y sigue pidiendo". En vez de "buscar," dice, "busca y sigue buscando," en vez de "tocar" dice, "toca y sigue tocando."

En otras palabras, hay una necesidad de perseverancia si queremos tener la PRESENCIA de Dios. Dios no solo está esperando que le hablemos, como si fuera nuestro sirviente. El está buscando personas que verdaderamente le busquen. Por otra parte, si examinamos de nuevo al verso en Crónicas, la Biblia dice que El está dispuesto a renunciar a los que renuncian a El.

¿Qué significa, renunciar a Dios?

Usualmente cuando pensamos en éste término, lo aplicamos a los pecadores que no quieren entregarle sus vidas a El. Sin embargo, el verdadero significado es mucho más amplio y completo. Cualquier creyente, o no creyente, que no está activamente buscando a Dios en todo tiempo, le ha renunciado a El. Renunciarle significa no enfocarse en buscar Su presencia. Renunciarle significa que El no es el número uno en nuestras vidas. Renunciarle significa estar demasiado ocupado para orar, adorar y estudiar Su Palabra. Renunciarle significa también que no estamos suficientemente desesperados en buscar intimidad con Dios Todo Poderoso.

Agreguemos el segundo verso de Crónicas, donde menciona que Dios está buscando activamente personas con un corazón perfecto. ¿Quienes son esos? ¿Has encontrado a alguien perfecto? Yo no, y la Biblia nos dice que nadie es perfecto. Así que, ¿de qué está hablando Dios aquí, al buscar personas con corazones perfectos?

Una vez más, es de gran ayuda examinar la Biblia en su lenguaje original. La palabra que se traduce "perfecto" en nuestras Biblias es la palabra "shalem" en hebreo. "Shalem" es el verbo de "shalom," lo cuál significa "paz perfecta" (la palabra "shalem" es la misma en el lenguaje arameo).

Mencioné que la palabra "shalem" es un verbo, el cual significa que es una palabra en acción. En este caso, podemos entender "shalem" como una acción que trae perfecta paz; algo que está completo, tal como el terminar una tarea difícil. O, en el caso de Dios buscando "corazones shalem," podemos tomarlo como corazones que están cien por ciento en búsqueda de El. Una vez más, encontramos que se requiere muchísimo más que solo pedir de Su presencia una sola vez. Si verdaderamente queremos Su presencia, debemos de buscarle constantemente.

La gloria de Dios y la presencia de Dios son sinónimos. Cuando Dios le dijo a los habitantes de Jerusalén que El iba a hacer el nuevo templo más glorioso que el primero, se refería a Su presencia; ¡Lo iba a invadir con Su presencia!


¿Qué necesitamos hacer, para tener la gran PRESENCIA del Señor? ¿Cómo podemos recibir de esta bendición?

Debemos realizar que la presencia de Dios no es algo que cae sobre nosotros automáticamente. Su presencia, especialmente Su gran presencia, viene a aquellos que están preparados para recibirla. Quiero que me entiendas correctamente en esto; Sí, tú puedes conocer Su presencia sin mucho esfuerzo, esto es un beneficio de ser un creyente, pero conocer la verdadera "Gloria de Su presencia," la Gloria que trasforma el templo, esto, requiere esfuerzo.

Ya he mencionado la necesidad de tener un corazón que busque totalmente Su presencia. ¿Qué más se necesita para recibir la gran presencia? Hay cinco cosas interrelacionadas que encontré, las cuales contribuyen a nuestra habilidad de recibir Su gran presencia:

  • Santidad - Dios no puede estar donde hay pecado. Para tener Su presencia, tenemos que estar sin pecado. Obviamente, no tenemos la habilidad vivir enteramente sin pecado. Sin embargo, Dios nos ha dado un mecanismo espiritual que nos regresa ser santo; es a través de la vida de arrepentimiento. Esto no significa que hallamos alcanzado el estado de perfección, sino solo que estamos dispuestos de arrepentirnos. La verdadera santidad no es algo solamente externo, de nuestras acciones; es algo que proviene de un corazón santo. No es una máscara que nos ponemos para que cubra nuestras manchas, es más bien una manera de vivir en la cual deseamos hacer lo que agrada a nuestro Señor. Este deseo de apartarnos del mal es la manera en cual mostramos el corazón limpio que Dios ha puesto en nosotros. Todo lo bueno que hacemos en nuestras vidas tiene que empezar dentro de un corazón lavado en la sangre del Cordero de Dios.

  • Obediencia - Si no obedecemos lo que Dios nos ha mandado hacer, no hay ninguna manera de que podamos vivir en santidad. Una vez más, esto no es algo que se pueda usar como si fuera ropa, es más bien, algo que viene de adentro. No es una actitud de sacrificio, en la cual negamos algo que nos agrada por el Señor; es una condición del corazón en la cual no queremos hacer nada que sea contrario a Su voluntad.

En el verso cinco de esta profecía, Dios dice a Su pueblo que siga el pacto que El había hecho con ellos. ¿Por qué? Porque los términos de ese pacto son los mandamientos de la ley mosaica. Como dijo Jesús, "si me amas, obedece mis mandamientos" (Jn 14:15).

  • Compromiso/Entrega - Santidad y obediencia son imposibles de alcanzar sin un verdadero compromiso con el Señor. ¿Qué es un verdadero compromiso? Es aquel en el cual El es nuestra primera prioridad, no solo en palabra, pero en hechos. Es cuando lo que dice en Mateo 6:33 (Buscad primero el Reino de Dios) viene a ser realidad en nuestras vidas. No podemos saber que tan verdadero es nuestro compromiso con el Señor, si nunca somos probados. Así como Dios tuvo que "probar" a Abraham, nosotros también necesitamos ser "probados." ¿Por qué? Porque mientras es fácil decir y pensar que somos comprometidos, nunca lo sabremos realmente hasta que nos cueste algo el mantenerlo.

  • Enfoque - Es posible tener todo lo que he mencionado aquí, y aún no tener la presencia de Dios, si no nos quedamos enfocados en recibirla. A través de la historia, han existido creyentes santos, obedientes y comprometidos, que nunca han visto la presencia de Dios. Probablemente pensaron que la presencia era algo que no podían obtener. O quizás, creyeron que no eran lo suficientemente buenos para recibirla. O, puede ser que simplemente su falsa humildad (que viene de un mal entendimiento de Dios) no les permitió acercarse a El. Cualquiera que haya sido la razón, ellos no incesantemente buscaron Su presencia, y no la encontraron.

  • Adoración - Finalmente, una vez que alguien haya tratado con aspectos del corazón que le impida la habilidad de recibir la presencia de Dios, debemos entrar a Su presencia con alabanza y adoración. El salmo 100, verso 4, nos dice que la alabanza es la llave que abre la puerta del cielo, y la adoración, es lo que hacemos cuando entramos allí. Dios está buscando adoradores en espíritu y en verdad.

No hay substituto para la verdadera presencia de Dios. Cualquier gloria que nosotros los humanos podamos creer para nuestras iglesias, nuestros servicios, o nuestras vidas, es solo una copia barata de la verdadera presencia de Dios. Muchos han tratado de fabricar esta gloria, pero no lo han podido lograr. Muchos han hablado acerca de ella, sin realmente andar en ella. Pero, está disponible para todos aquellos que estén dispuestos a pagar el precio para vivir en ella.

Copyright © 2007 por Richard A. Murphy,  Maranatha Life  Todos derechos reservados.