El Cuento del Gusanito
por Ricardo Murphy


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Un día, al entrar en una iglesia antes del servicio, yo fijé a varios gusanos reunidos a la puerta. Esto me pareció un poco raro, pero realmente no pensaba en ellos.

Más tarde, durante el tiempo de adoración, el Señor empezó hablarme acerca de los gusanos. Yo agaré uno con un papelito doblado que tenía en mi bolsillo, y me senté al mirarlo, escuchando al Señor, mientras que todos los demás estaban cantando.

Ese gusano gateaba a una esquina del papelito, entonces levantaba la parte de su cuerpo de en frente a fin de buscar algo. Yo no sé si buscaba alimento, o simplemente buscaba otro lugar a que podía ir. Lo que sea, cuando no pudo hallarlo, gateaba alrededor de la esquina, y repetía de nuevo el mismo proceso a la próxima esquina.

Mientras que lo miraba, el Señor me mostró que tan parecidos somos nosotros a ese gusano. La perspectiva del gusano del mundo es muy limitado. No ve a las montañas ni los océanos; ve a las hojas y varitas. Si uno intentaría a explicarle como es el mundo en su totalidad, no podría entender; su perspectiva del mundo es demasiado limitado.

Sin embargo, aún dentro de su perspectiva limitada, el gusano siempre está buscando, siempre está gateando hacia un destino que no sabe ni entiende.

Un día, el gusano alcanzará un estado (punto) en que aparecerá morir. Gateará a alguna pequeña ramita de un árbol, hará su capullo, y supuestamente dar fin a su vida de ser un gusano.

Obviamente, nunca he hablado a un gusano, pero si le hablara algún día, estoy convencido que me diría que no quería morir. Si intentara explicarle que su muerte sería una bendición, me miraría como si estuviera loco. Si lo dijera que su muerte sería el principio de una vida nueva y mejor, como una mariposa, ese gusano pensaria que yo estuviera completamente loco.

El gusano está perfectamente contento como es. Tiene su mundo y su comida. No quiere nada más. No puede soñar acerca del día que él será una mariposa, ni tiene la menor idea de como sería este nueva vida.

Si el gusano no moriera, no puede llegar a ser una mariposa. Toda su vida, hasta el punto de la muerte, es solamente una preparación para salir de su capullo y vivir la vida de una mariposa.


Igual que el gusano, nosotros también debemos alcanzar un día en que parece que morimos. Estos cuerpos en los cuales vivimos ahorita, respirarán sus últimos alientos y cesarán su trabajo. Como creyentes, no debemos mirarlo como el momento de muerte, sino por ser un nacimiento en una nueva y mejor vida. Nuestros cuerpos deben morir, para que las mariposas (nuestros espíritus) pueden entrar en esta nueva vida.

Esta vida que vivimos hoy en día es muy limitada. Mientras que nosotros opinamos que entendemos el mundo en nuestro alrededor, solamente podemos ver el mundo físico. La más grande esfera espiritual es más allá de nuestro entendimiento. Esto es porque la biblia habla tan poco acerca del cielo. No porque Dios no desea que sepamos de ello, sino con nuestra perspectiva limitada, nosotros no podemos entenderlo.

En Segunda de Corintios, capitulo doce, Pablo menciona a alguien que fue "arrebatado hasta el tercer cielo" (2 Cor 12:2). La mayoría de los teólogos se concuerdan de que verdaderamente hablaba de sí mismo. Sigue en dedir que había oído a "palabras inefables" (2 Cor 12:4). De hecho, han habido muchos creyentes que han testificado de morir, ir al cielo, y regresar a la vida aquí en la tierra. A pesar de que todos trataron de describir como es el cielo, todos alcanzaron un punto en sus descripciones en el cual tuvieron que pararse. Los conceptos y las palabras simplemente no existen, ni tienen parelelos aquí en la tierra.

Cuando los cuerpos en los cuales nosotros vivimos mueren, no nos sentiremos la muerte. De hecho, nos sentiremos más en vivos que nunca jamás. Veremos colores que nunca hemos visto; oiremos sonidos que nunca hemos oido; oleremos olores que no existen aquí en la tierra. Parecido a como la mariposa tiene una mejor vida que el gusano; nuestro hombre espiritual tendrá una mejor vida que lo que tenía nuestro hombre físico.

Los irlandeses tienen un costumbre cuando alguien muere. En vez de juntarse para lamentar la muerte de un familiar o amigo, ellos se juntan para tener una fiesta y celebrar la vida de aquello que murió.

Como creyentes, no tenemos razón por lamentar nuestros hermanos o hermanas que fallecieron para estar con el Señor. Acaso les extrañamos, pero no les hemos perdido. Un día, estaremos reunidos con ellos en un lugar mucho mejor. ¡Celebremos su victoria; que ya llegó al fin de su jornada, la jornada en que todavía estamos viajando!

Copyright © 2005 por Ricardo Murphy, Maranatha Life. Todos derechos reservados.