
![]()
|
|
Pero, y otro vez digo pero, este examen es uno de sumo-importancia. Si no logramos bien en ello, en vez de tener una eternidad en el cielo con el Señor; tenemos que aguantar estar prohibido de entrar en el cielo, y condenado pasar todo la eternidad en el infierno. Lo que hace este examen tan bueno es que solamente trae una sola pregunta. Esta pregunta es de si hemos recibido Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Fíjate que he mencionado dos palabras; “Señor,” y “Salvador.” La Iglesia está llena con gente que intentan de aceptar a Jesús como Salvador, sin aceptarlo como Señor. Pero, si Jesús no es tu Señor, tampoco es tu Salvador. Estos “creyentes” (lo he puesto entre comillas intencionalmente) viven decepcionados, pensando que tienen su boleto para ir al cielo, mientras que todo que tienen es un sistema religioso. Si esta vida es nada más un examen, ¿pues qué? ¿Por qué tenemos que sufrir tantas pruebas y problemas? ¿Por qué tenemos que molestarnos en estudiar la Biblia, aprender como vivir una vida santificada; o testificar a otros por nuestro Señor? ¿Por qué nuestro Dios nos ha mandado hacer tantas cosas, si no afectarán nuestras calificaciones en el examen final? Todas estas son buenas preguntas. Si miramos a nuestros propios futuros, encontraremos que después del examen, habrá una revisión de lo que hemos hecho en preparación por el examen. El Señor echará una mirada sobre nuestras vidas, con la meta de ver si hemos cumplido la tarea que El nos había dado; o si no. La recompensa que recibiremos allá en el cielo depende en la vida que hemos vivido aquí en la tierra. En otras palabras, necesitamos hacer todas estas cosas porque se afectan nuestra vida por venir en el cielo. El apóstol Pablo se refiere al trabajo que hacemos aquí en el mundo, edificando el Reino de Dios, como trabajadores construyendo un edificio.
Hay mucho qué masticar aquí en estos seis versos, y son cosas que tendrán un impacto eterno en nuestras vidas. Pues, así me parece que vale la pena tomar unos minutos para analizar lo que Pablo nos compartió en aquellos versos. Primeramente, Pablo refiere a sí mismo como un perito arquitecto sabio. No se refiere a si mismo como cualquier constructor, sino un “perito,” un experto. No solamente se refiere a si mismo como cualquier perito arquitecto tampoco, sino uno que es sabio. ¿Cómo identificamos la diferencia entre un perito arquitecto sabio, y cualquier otro tipo de constructor? Un perito arquitecto es uno que no solamente sabe como hacer el trabajo por si mismo, sino puede dirigir la obra de otros. Un perito arquitecto que también es sabio es uno que tiene la experiencia para saber las mejores maneras para hacer el trabajo. Trabaja en una manera para usar las materiales y el tiempo de sus trabajadores en la manera más eficaz, sin permitir que materiales y tiempo se echen a perder, produciendo un producto superior, sin tener gastos extras. Si miramos al libro de Hechos, y a las epístolas también, encontramos que Pablo no solamente edificó la Iglesia, sino también dirigió el trabajo de otros constructores (ministros). La Iglesia primitiva se extendió por su trabajo de abrir iglesias, levantar líderes, y continuaba ministrar a aquellas iglesias y líderes que había levantado. Un gran porcentaje de nuestro Nuevo Testamento existe por causa de trabajo del Apóstol Pablo. Bueno, pues, ¿y que de la parte de este verso que dice que Pablo fue sabio? El apóstol contesta esta pregunta por si mismo en los versos siguientes. Nos dice que hizo el único fundamento que puede ser hecho, lo de Jesucristo. En el décimo verso (el primero que mencioné) Pablo nos dijo que otros edifican sobre el fundamento que él había construido. ¿Quiénes son aquellos otros? Pues, son creyentes que han vivido durante los siglos desde la época de Pablo, hasta el fin de este mundo; todos los creyentes que trabajaron para manifestar la plenitud del Reino de Dios. Fíjate que no he dicho “todos los ministros,” sino “todos los creyentes.” Cada uno de nosotros son ministros. Así, cada uno es responsable delante de Dios por alguna parte de este gran obra de edificar el Reino de Dios. Hemos estado encargados, por parte de Dios, a edificar el Reino de Dios. Podemos ver esto muy claramente en varios versos; pero, lo más obvio es en la gran comisión:
Sin duda, estos versos aseguran que no haya ningún creyente que puede decir que no tiene una obra que hacer en el Reino de Dios. Quizás no sabemos exactamente el llamado que El tiene por nuestras vidas; pero al mínimo podemos decir que conocemos que la gran comisión aplica a cada uno de nosotros. Hay una declaración aun más importante que Pablo incluyó en este verso. Esto es una advertencia a todos nosotros de cuidarnos en como edificamos. ¿Por qué tenemos que estar cuidadosos? Para asegurar que lo que construimos, y lo con que construimos no se afectan en una manera negativa la fundación que ha estado colocado. Es posible, en efecto es muy fácil, construir de una manera que escondimos totalmente, o cambiamos como se parece (como con una máscara) de la fundación. Así podemos causar que nadie sepa que nuestro Señor y Salvador es el fundamento básico sobre cual construimos. Tristemente, esto ha pasado demasiadas veces a través de la historia de la Iglesia para contar. Ha habido muchas doctrinas falsas que han estado predicados a través de los siglos, mayormente a la destrucción a los que les han escuchado. Adicionalmente, había muchas enseñanzas, no falsas, pero cuando se aplican al extremo, pueden destruir la habilidad que uno tiene para seguir al Señor. Un ejemplo reciente de esto es el movimiento de la “Palabra de Fe.” Antes de tocar este tema, déjame decir que el Cuerpo de Cristo tenía mucha necesidad para recibir de este mensaje. En general, el Cuerpo de Cristo no tenía bastante fe para creer en sanidad por la gripa, y aun menos por algo serio. Pero, lo que ha pasado en algunos círculos es que el mensaje de fe ha llegado al punto en que la gente tenía más fe en su fe, que tiene en el Señor. Han enfocado tanto en recibir algo, que han olvidado el fundamento de su fe; y han llegado al punto de pensar que su fe podía hacerlo real, dejando al Señor totalmente del retrato. Al continuar nuestro estudio, encontramos una lista de materiales mencionados en verso 12. Los materiales que Pablo menciona son oro, plata, piedras preciosas, madera, heno y hojarasca. ¿Por qué? ¿Acaso Dios espere que edifiquemos Su Reino con aquellos materiales? Obviamente no es así. Estos materiales son símbolos físicos de materiales espirituales para la construcción. Si queremos encontrar sus significados, necesitamos ver como se usaban en la profecía del Antiguo Testamento:
Al ver estos materiales en la luz de este entendimiento, podemos ver mucho más que una lista de materiales, podemos ver vidas, trabajos, y tiempo gastado por nada. En una manera, u otro, cada acción de nuestras vidas es parte del proceso de edificar sobre el fundamento de Jesús. Algunos de nuestros actos glorifican a Dios, ayudan a otros, y nos llevan a un estado de ser más glorificado. Pero, hay otros que edifiquen nuestra naturaleza carnal, alimentan la carne, o solamente nos ayudan a gastar nuestro tiempo. Dios se enfoque en ver como estamos edificando, y con cuales materiales, y con cual meta. ¿Estamos construyendo qué tipo de edificio con nuestras vidas? Anótate, por favor, que Dios no nos fuerce de usar un tipo de material en particular. Nos ha dado la libertad de decidir por nuestros mismos. Ni nos limita en seleccionar solamente un tipo de material; nos permite usar cualquier, hasta todos los materiales mencionados en la lista. Sin embargo, todos estamos edificando con algo de esta lista. “Pues, estamos construyendo, ¿y qué? Estoy seguro que Dios se alegra con la construcción de mi vida; soy creyente, El me ama.” ¿Estás seguro de esto? Estás seguro que al llegar el día en cual El revisará el proyecto de construcción de su vida, ¿Estará gozoso? Echamos otra mirada a los otros tres versos que he citado al inicio de este estudio; con la meta de ver que dicen acerca de que tan gozoso estará El Señor de nuestro trabajo.
Dice aquí que la manera en que el Señor revisará el trabajo de nuestras vidas es con Su fuego santo. Nuestros edificios estarán probados en el fuego, para ver lo que queda después del incendio. Si algo queda, es a nuestro beneficio; si nada queda, pues… Regresándonos a la lista de materiales, podemos ver otro simbolismo en como reaccionan al fuego. Oro, plata, y piedras preciosas no están destruidos por el fuego; en efecto, necesitamos un fuego bastante fuerte para purificar el oro y la plata. Sin embargo, en contraste, madrea, heno, y hojarasca son buenas combustibles para tener una fogata. Aquellos materiales seguramente estarán destruidos por el fuego santo que el Señor usará para revisar nuestras vidas. Pues, así los que verdaderamente glorifican a Dios con sus vidas, tratan de ser santificados, y dan sus vidas por otros estarán bien. Una vez que el fuego ha pasado, quedarán con sus riquezas visibles al Señor. Pero, los que se mantienen como creyentes carnales, gastan sus vidas engrandeciendo sus panzas no tendrán mucho para mostrar por sus vidas. Todo que les quedará serán las cenizas. Lea por nuevo lo que Pablo escribió al fin de verso 14: “recibirá recompensa.” Nuestra recompensa en el cielo dependerá directamente en lo que hacemos aquí en la tierra. No habrá un premio automático por llegar; nuestros “premios” dependerán en nosotros, y los hechos que hicimos aquí en la tierra. Por la otra mano, Pablo también escribió acerca de ellos cuyos hechos estarán quemados en el fuego. Dijo,”sufrirá pérdida.” Esto no significa que perderán su salvación, sino que perderán la recompensa que hubieran podido recibir. Entrarán al cielo con manos vacías. Necesitamos transformar nuestra mentalidad de una que está enfocado en el mundo al tener uno que está enfocado en el cielo. Necesitamos ver con claridad que nuestros hechos aquí en la tierra tienen consecuencias eternales. Mientras que estamos enfocados en la vida terrenal invertiremos nuestro tiempo, fuerzas y riquezas en esta vida. Sin embargo, cuando empezamos a ver nuestras acciones en esta vida como una inversión por la eternidad, empezaremos a invertir nuestro tiempo, fuerzas y riquezas en la vida por venir. Mira por nuevo a los que construyen con madera, heno y hojarasca. Dice allí, en verso 15, que ellos “serán salvos, más así como por fuego.” ¿Has conocido a alguien cuya casa había estado destruida por un incendio? Yo, sí, y ellos literalmente están allá, a pie, con manos vacías, realizando que habían perdido todo. Los resultados de una vida entera de trabajo pueden estar perdidos en unos pocos minutos. La única cosa que aquellas personas pueden decir que tienen en su favor es que no habían perdido la vida. Si no tienen dinero en el banco, u otras buenas inversiones, están al punto de empezar por nuevo con nada más sus dos manos, y la ropa puesta. Esto es la imagen que Pablo esta mostrándonos tocante a aquellos que entrarán al cielo sin nada para mostrar por sus vidas. Sí, van a entrar, pero no van a tener nada para mostrar de sus vidas, sino su salvación. Hay un lugar que Cristo mencionó en los evangelios que se llama “las tinieblas de afuera.” Lo mencionó solamente tres veces, y estas tres veces están en el libro de Mateo. No se menciona en ninguna otra parte de las escrituras, ni en el Antiguo, ni el Nuevo Testamento.
Muchas han hablado de estas “tinieblas de afuera” como el infierno, o una parte del infierno; pero, no estoy de acuerdo. En los tres casos, es claro que el Señor estuvo hablando acerca de los creyentes, no los incrédulos, cuando habló de “las tinieblas de afuera.” No se encuentra ningún lugar en cual El se refiere a los incrédulos como “hijos del Reino,” tampoco se refiere a ellos como “siervos.” Si esta aplica a los creyentes, ¿qué tipo de lugar es esto, y donde está? ¿Cómo es posible que unos creyentes sean mandados a los lugares así por todo la eternidad? Si estamos perdonados por nuestros pecados, ¿no se elimina esto la posibilidad de aquel lugar en nuestras futuras? Para entender este concepto, tenemos que usar nuestras imaginaciones un poco, para formar un retrato del cielo. Si podemos ver el cielo como una ciudad, y no tenemos razón para decir que no es así, nos hace mas fácil entender donde está este lugar de “las tinieblas para afuera.” Como cualquier ciudad, el cielo tiene un centro. Allá en el centro es el palacio de Dios, con Su trono adentro. En el vecindario del palacio hay varios edificios necesarios por el gobierno del cielo y las mansiones de los que fueron lo más pegados a El. Moviéndonos más lejos del centro, encontramos otros edificios, mansiones, trabajos, plazas, parques, centros de adoración; hasta que quizás unas empresas, tiendas y negocios. Continuando a movernos a través de la ciudad imaginaria del cielo; salimos del centro, a través de otras colonias, y llegamos a las últimas colonias en la orilla de la ciudad. Alrededor, encontramos el campo; un campo más bonito que podemos encontrar aquí en la tierra. Probablemente hay áreas de montañas, valles, ríos, lagos, y quizás una mar afuera de la ciudad. Hay posibilidad que habrán ejidos afuera de la ciudad, todavía parte del cielo; pero, no tan cerca al centro. Toda la luz en el cielo viene del trono de Dios, no del sol. Una cosa que podemos aprender de la ciencia de física es que el más lejos que alguien anda de una procedencia de luz, lo menos rayos de luz caen en un punto. Esto no es porque la luz es más débil, o que los rayos paran después de una distancia, sino que se dispersan con la distancia. Entonces, lo más lejos que alguien está del trono de Dios, lo menos luz (o, rayos de luz) caen sobre ellos. Esto se hace parecer en aquellos lugares que es oscuro, relativamente en comparación a la ciudad (aunque probablemente mucho más brillante de lo que conocemos aquí en la tierra). Estos lugares, más lejos del trono de Dios, son los que el Señor llama “las tinieblas para afuera.” Pero, ¿por qué se requiere el Señor que unos vivan en aquellos lugares, mientras que otros vivan más cerca al palacio? ¿Hay algunos que son sus favoritos? ¿Hay un sistema político allá en el cielo, en el cual la gente está peleando a fin de recibir el favor del Señor? ¡No! Si regresamos a los versos en Mateo, que hablan de las tinieblas para afuera, y los estudiamos en su contexto, encontramos porque ellos no habían llegado más cerca al trono. En el primero caso, el Señor está hablando del centurión que tenía fe por la sanidad de su criado. Podemos aplicar este ejemplo a los que deberían haber conocido a Dios desde su nacimiento (los judíos por ejemplo) pero rechazaron servirlo; mientras que otros, que no tuvieron aquel ventaje, tuvieron fe en El. Los otros dos casos vienen de las parábolas. En los dos casos, se refieren a los siervos (los salvos) que no hicieron lo que debieron hacer. En esto podemos ver el secreto en no estar echado en las tinieblas para afuera: acercándonos a El mientras que estamos aquí en la vida terrenal, y cumpliendo la tarea que El quiere que hagamos. Solo ser salvo no es bastante, ni tampoco es suficiente el obedecer la ley. Tenemos que ir más allá del básico. Los que no aprenden como acercar al Señor no van a recibir este conocimiento automáticamente al llegar al portón del cielo. No estoy seguro de donde vino esta idea, pero no hay nada que encuentro en las escrituras que lo dice. Llegaremos allá con el mismo conocimiento que tenemos cuando salimos de esta vida, nada más. Todo lo demás que necesitamos saber, será parte de lo que aprendemos allá. Si no estás seguro, déjame asegurarte; sí continuaremos a aprender en el cielo. Regresándonos a como empecé este estudio, entendemos que las obras de nuestras vidas determinen la recompensa que recibiremos al llegar en el cielo. No sé si los que van a tener sus moradas más cercas al palacio de Dios estarán los que cumplieron lo más aquí en la tierra, o no. Dios no se ve las cosas como nosotros. Aunque alguien tiene un ministerio grande aquí en la tierra, o está conocido como un gigante de la fe; no necesariamente alguien lo identificaría así en el cielo. Dios tiene un plan y propósito por la vida de cada uno. Cuando llegamos al cielo, estaremos juzgado en como habíamos cumplido aquel plan. Hay algunos que Dios ha llamado para impactar miles de vidas por Su Reino. Entonces, El los ha dado la habilidad para cumplir aquel trabajo. Si solamente impactan a cientos, no estarán bien recibidos por parte de Dios. Al otro lado, ¿qué de un millonario, que Dios bendijo con mucha sabiduría financiera? El Reino de Dios aquí en el mundo necesita el financiamiento. Por esta razón, Dios ha dado a algunos el don de ser los financieros de Su Reino. Quizás uno de ellos había dado millones a la obra de Dios, pero aun que fue mucho en nuestros ojos, solamente fue un décimo de lo que Dios había esperado de él. Un ejemplo más, uno que muchos no pueden ver; de alguien que no cumple el propósito de Dios por su vida. Esto es la persona que hace la obra del Señor por su propio beneficio y gloria. Un predicador, o cantante, que ministra a miles, o a diez miles, pero solo lo hace por su propia fama no está cumpliendo el plan de Dios por su vida. Si, había ministrado a la gente que Dios estaba esperando, pero no en la manera en cual El les llamó. En vez de glorificar a Dios, robaron la gloria de Dios. Te garantizo, no recibirán ninguna recompensa. Por el otro lado, hay gente que está llamado a ministrar a unas pocas personas en su vida. Si ellos cumplen todo este requisito de ministrar a aquellas personas, estarán considerados grandes en el Reino del Cielo. ¿Por qué? Porque habían cumplido lo que estaban llamado, ungido, y preparado para hacer. Aquellas personas van a encontrar sus mansiones esperándoles, mas cerca al centro de la ciudad. No me malentiendes, por favor. Las tinieblas para afuera no es un lugar de castigo. Ni lo encuentra ser un lugar donde Dios esconde los que no le agrada. Ellos que se encuentran allá viven allá porque no aguantan estar más cerca al trono de Dios. No tienen una relación, ni experiencia de estar en Su presencia glorioso. Viven allí, porque no están listos para acercarles más al trono de Dios. Cuando Rey Salomón dedicó el templo de Dios, “la casa se llenó entonces de una nube, la casa de Jehová. 14 Y no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios” (2 Chr 5:13-14). Fíjate en la parte que tengo subrayada, “no podían los sacerdotes estar para ministrar.” ¿Por qué fue así? Pienso que si alguien debería estar listo para aguantar la presencia de Dios, serían sin duda Sus siervos, pero no lo podían. Otra vez, ¿Por qué? Porque la presencia de Dios vino en aquel momento aun más fuerte que ellos habían experimentado jamás. Si aquellos sacerdotes no pudieron estar a pie en la presencia de Dios durante la dedicación del templo, ¡imagínate que tan fuerte será Su presencia en el cielo! No me sorprende que haya un lugar como las tinieblas para afuera. Si no, los que no se acostumbran a la presencia de Dios nunca podrán salir de estar acostados en el piso. Creo, aunque la escritura no nos dice nada acerca de esto, que los que vivirán en las tinieblas de afuera eventualmente moverán más cerca al trono de Dios, una vez que se pegan más a El y aprenden como aguantar Su presencia glorioso. Tendrán toda la eternidad para aprender. Como he mencionado, esta vida es solamente un examen, pero un examen muy importante. Nuestra eternidad depende en como alcanzamos en este examen. No solamente si llegamos al cielo, sino como estaremos recibidos al llegar. Aprenderemos pues, como ser perito arquitectos sabios como Pablo. Cuidamos en hacer cada acción de nuestras vidas en una manera que agrada a nuestro Señor; edificando con oro, plata y piedras preciosos. De esta manera, no tendremos que entrar en el cielo como ellos que pierdan todo en el fuego. En ves de esto, podremos tener nuestras manos llenas con una ofrenda para ofrecer al Señor.
|
![]() |
![]()
Copyright © 2008 por Rich Murphy, Maranatha Life, todos derechos de autor reservados.